Los videojuegos aprenden como soy y cambian al instante

Que los videojuegos compiten por lograr una experiencia total, es algo que ya sabemos todos los que somos fans de ese universo, desde hace un tiempo. Gráficos hiperrealistas, argumentos excepcionales, jugabilidad sin fisuras… Alcanzar un nivel de inmersión que, nada más darle al play, desaparezca todo lo que nos rodea. Valgan como ejemplo títulos que forman parte de la historia del entretenimiento, como The Last of Us, Uncharted, God of War o Grand Theft Auto. La industria no ha parado de transformarse. Incluso en muchas ocasiones ha liderado el progreso digital. Para no detener esta velocidad, el sector ha comenzado a sacar el máximo rendimiento a herramientas como la analítica de datos y la inteligencia artificial con el fin de que disfruten todos los jugadores, en particular quienes padecen alguna diversidad funcional.

Fondo de pantalla del Candy Crush
Fondo de pantalla del Candy Crush

Para los que no lo sepáis, la posibilidad de elegir un modo para daltónicos o para disléxicos lleva años en los menús. Con un simple clic en la casilla correspondiente, la interfaz y el videojuego se personalizan. Muy eficaz para aquellos que saben que sufren este tipo de trastornos, pero no siempre es el caso. El diseño dinámico pretende revertir este desconocimiento. Transforma en tiempo real la jugabilidad en cuanto la inteligencia artificial detecta que confundimos los colores o que nos falla la comprensión oral. “Adapta la experiencia de juego en función de las características de cada jugador. Incluye conceptos como accesibilidad, uso y utilidad, de tal forma que la experiencia se optimiza según las necesidades”, resume David Fernández, responsable de Candy Crush Friends Saga.

Como se vé la pantalla del Candy Crush en función del problema de visión que tengas
Como se vé la pantalla del Candy Crush en función del problema de visión que tengas

El perfeccionamiento de la analítica de datos y el machine learning ha sido el principal detonante de que el ocio gamer elimine más barreras. Como explica Héctor Puente, doctor en diseño de videojuegos por la Universidad Complutense de Madrid, el sector recababa información masivamente, registraba las variables de los usuarios; aunque era incapaz de darle un valor añadido. “No teníamos la capacidad de computación en tiempo real de todo este big data. Gracias a un desarrollo basado en los datos, el aprendizaje automático de las máquinas permite equilibrar la inteligencia artificial y adaptar automáticamente los contenidos”, asegura.

Pese a que los videojuegos detectan determinados trastornos, las empresas todavía no han decidido recorrer el camino inverso (acaban de empezar hace relativamente poco a hacerlo con tratamientos en EEUU). “No se utilizan para identificar posibles patologías o problemas en los jugadores, sino para adaptarse a sus necesidades bien declaradas o inferidas”, zanja Fernández. Sin embargo, los desarrolladores han extendido estas funcionalidades al resto de usuarios. Para ofrecerles la mejor experiencia durante horas, por ejemplo, varían la dificultad en función de sus destrezas y disminuyen los diálogos si prefieren solo el combate. “El juego se readapta. Los algoritmos analizan cuántas veces morimos, las armas que utilizamos o el tiempo que tardamos en resolver un puzzle y personalizan estos parámetros”, zanja Puente. Forza Horizon 4 y Pokémon Espada y Escudo son dos títulos que han apostado por este camino.

Personalmente, se que este es el camino que deben seguir, y es el marcado por la industria del videojuego, y me parece simplemente fenomenal, es una gran forma de lograr que más gente entre en este universo lleno de obras maestras. Ojala sigan así, y poco a poco más empresas del sector vayan sumando títulos a esta nueva gama de videojuegos que aprenden.


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