Las familias de personas con diversidad funcional piden empatía desde los balcones: "Tenemos miedo de salir porque, si la insultan, nuestra niña se hunde"

Es posible que en los últimos días le haya llegado un mensaje por WhatsApp que habla de familias que, pese al confinamiento, salen a la calle con un brazalete azul. También que haya escuchado hablar de los "policías de los balcones" que, lejos de ser una pata más de las fuerzas de seguridad del Estado, vigilan e increpan a todo aquel que ven cruzando la calle. Los familiares de las personas con diversidad funcional, especialmente aquellas que tienen trastornos cognitivos, promueven por redes sociales una iniciativa de concienciación y piden a las personas que salen a la calle por salud que porten un brazalete azul para indicar que tienen necesidad y permiso para salir a la calle. Padres y menores se ven obligados a llevar un distintivo para evitar que increpen a sus hijos desde los balcones. 


Desde que se decretara el confinamiento los balcones son un foco de vida y han comenzado a derivar en un foco de vigilancia, en la ley de la ventana. "La gente es más papista que el papa", ironiza Juan Carlos, padre de Carla, una joven con 21 años y un 70% de diversidad funcional intelectual. Carla es una chica de rutinas fijas y ahora "todo ha saltado por los aires". Su padre, conserje en una urbanización, debe salir a trabajar diariamente para las tareas de mantenimiento y reparto de los pedidos de los vecinos. Paradójicamente, el contacto que tiene en el vecindario le impide tenerlo con su hija. "Explícale a una niña que no la puedes abrazar y no la puedes besar", lamenta. "Soy conserje, estoy todo el día de arriba abajo. Es complicado (para ella) entenderlo. Le enseñamos vídeos divertidos para relajarla, pero tenemos que tener la tele puesta con el telediario encendido. Les tienes que explicar que no pueden salir", añade.

El confinamiento ha forzado el cierre del centro de día al que acudía su hija y su mujer ha tenido que buscar un modo de realizar esa formación en casa con el apoyo de la asociación a la que pertenecen. "Poder salir nos alivia un poco", señala, ya que las jóvenes como Carla pueden autolesionarse o agredir a su entorno si entran en una crisis nerviosa. Precisamente, el objetivo de sus paseos es evitar dicha crisis y por ello el Gobierno autoriza que puedan caminar al aire libre.Pese a la autorización, padres como Juan Carlos están preocupados al sacar a sus hijos, dados los mensajes que han visto circular. "Tenemos miedo de salir a la calle porque si insultan a la niña, se hunde", critica el padre. "Cada diversidad funcional y en cada niño son un mundo diferente. Aunque no lo sepa gestionar (si recibe insultos), la hunden. Nos da miedo salir con ella por cree que es culpa suya", expresa Juan Carlos.

"Tenemos miedo de salir a la calle por si insultan a la niña, se hunde la niña". "Es muy complicado gestionarlo. Le gustan mucho las revistas, las va deshojando, es su distracción. Su madre por las mañanas le ha puesto actividades del centro de día: dibujo, manualidades, el aseo, ordenar el cuarto. Intentamos hacer las cosas en casa dentro de nuestras posibilidades, somos padres, no profesionales".

Desde La Fosa Berete, os recomiendo, que no seáis gentuza...No sabéis la situación de la gente, así que no insultéis a quienes veáis por la calle...

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